Oráculo de Delfos
Oráculo de Delfos

La función del oráculo

Oráculo, ver, escuchar y sentir

En su forma más básica, un oráculo es cualquier lugar, u objeto, gestionado por alguien con poderes para ello. En él se revela las fuerzas espirituales de la vida de una persona y lo que podría hacer sobre ellas. En el mundo antiguo había cientos de oráculos: santuarios, altares, lugares de meditación, templos y grutas que hacían uso adivinatorio. Estos sitios estimulaban un tipo especial de percepción, una manera de traspasar la superficie de las cosas y oír lo que está actuando detrás de ellos. Lo que los antiguos llamaban el «oráculo» son fundamentalmente símbolos, lugares, palabras y signos con una función especial: unen algo que se ha deshecho. Refleja una característica sumamente valorada en la antigüedad: la capacidad de ver, escuchar y sentir el movimiento del espíritu, fomentado el viaje íntimo, el conocimiento personal.

Si se le pregunta a alguien tradicional que función tiene un oráculo y la adivinación o los videntes, seguramente su respuesta será una variación de la idea de que permiten el acceso a una mente divina o espíritu global, a figuras espirituales que transmiten mensajes acerca de la manera en la que esta totalidad viviente se mueve. Cuando el sentimiento de existencia de dicha mente divina, espíritu global, hacedor de destinos o mundo de pautas ha desaparecido, la adivinación se ve afectada por la sombra vergonzosa del pensamiento racional. Se convierte en superstición y charlatanería. Pero el vidente, la videncia y los medios «no habituales» que emplean para reunir la información sobre el mundo invisible siempre han tenido un aspecto, un aura cautivadora y sincera. Gran parte de esta característica extraña se refleja sobre la imagen del adivino y su compromiso con aquello de los que se dedican a la psicología profunda han llamado la «sombra»: aquello que no solo está oculto si no aquello que nosotros preferimos no mirar.

El adivino y el oráculo

Tenemos muchas imágenes sobre el adivino o vidente. La mayoría destaca su naturaleza herida como el origen extraño de sus poderes. Al igual que el chamán, los espíritus suelen elegir y perseguir al adivino, al vidente, al médium. Muchos intentan huir de esta vocación sin éxito. Es posible que el adivino traspase los límites sexuales en forma de travestido, transexual o hermafrodita; que sea un marginado, un vagabundo o un ermitaño o que se convierta en un técnico de lo sagrado, lleno de saberes recónditos y conocimientos obtenidos con dificultad. Los legendarios reyes-chamanes, fundadores de culturas, seres repletos de poderes demoníacos, eran esencialmente adivinos. La vieja sabia, la vidente buena, el chamán que viaja espiritualmente, el médium de lo s espíritus o el «santón» errante, sugieren que el origen de este tipo de sabiduría proviene de atravesar límites, de entrar en estados de ánimos fronterizos, extenuantes que a veces se pagan con sufrimiento y trastornos.

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Oráculo del Dalai Lama

Todos ellos nos ofrecen un indicio de nuestra capacidad intuitiva innata. La adivinación, que supone ver pautas que interconectan el tiempo, el espíritu y el alma, cultiva y entrena esta capacidad de ver las cosas de otra manera.

 

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Alba Ribera
Me presento, soy Alba Ribera, una vidente madrileña, con la inmensa suerte de haber sido agraciada con el don de la clarividencia y sensibilidad extrasensorial desde nacimiento. Me considero una vidente honesta y con experiencia, más de 20 años de experiencia en consulta del tarot. Junto a mis compañeros videntes y cartomantes te atendemos telefónicamente las 24 horas del día. ESPAÑA: 806 512 251 · 91 266 96 38 (VISA).

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